viernes, septiembre 21

Bosques urbanos

Hace mucho tiempo leí un libro en donde un hombre, por encargo de su amada, se dedica a buscar los jardines ocultos de una ciudad entre el desierto y el mar. Y efectivamente los encuentra, incluso jardines extravagantes de piedras, de sonidos...
Descubrí que el autor del libro trabajaba a un par de edificios de donde yo lo hacia, asi que pedi una cita, diciendo simplemente que era el Lobo Feroz, el encargado de la oficinita de la esquina, esa a medio caerse, y que quería entrevistarlo para una revistita en la cual a veces escribía al lado de nombres grandes, que casi hacían desaparecer el mío.
Su secretaria muy amable me dijo que él tenía que viajar aquí y allá (quizá a alguna ciudad fantástica o en busca de más sitios ocultos) pero que con mucho gusto le avisaría para ver si podía encntrar un huequito en su itinerario.
Pensé que una secretaria tan amable se vería mucho mejor vestida de rojo y me fui diciendo que estaba bien, que no pensaba mudarme de oficina (a menos que terminara de caerse) en un tiempo largo y que podía esperar a que él regresara de su viaje a la ciudad imaginaria.
Para sorpresa mía, un día que me encontraba ocupadísimo inventando un nuevo mensaje en la contestadora de mi linea directa, uno que sonara serio pero con frecura, uno que dijera que mi oficinita no era otra oficinita más, se me ocurrió llamar a la secretaria, la que se vería mejor vestida de rojo, para saber si era posible ir a preguntar todas mis dudas con respecto a aquellas historias. Me dijo que sí, que en un amable gesto de buena vecindad (bueno, no lo dijo asi, pero asi lo interpreté) el director, que además escribe libros, había encontrado media hora, o sea un huequito, entre un viaje a Mogador y otro a Nueva York me parece.
El día de la cita, me llevé a una amiga guapa y muy alta, vestida de rojo por supuesto, para que hiciera las veces de mis secretaria, no fuera a pensar que mi oficinita era solo una oficinita más, hasta contaba con una línea directa, para las personas que yo decidiera eran lo suficientemente importantes pra tener ese número, los demás podían llamar al conmutador y preguntar por la extensión y quizá yo estuviera muy ocupado para contestarles.
Para aquel entonces ya me había mandado a hacer unas tarjetas de presentación muy elegantes, a dos colores y con el logo de la casa de la cultura, de donde era mi oficinita. Llegué acicalado y con los colmill... es decir, impecablemente arreglado, y con una sonrisa convincente y astuta, no como esas sonrisas estúpidas que muchos cargan y piensan que pueden andar por la vida así. Y claro con mi nueva "secretaria" muy alta y vestida de rojo como debe ser, quien saludó amablemente a la amable secretaria de ese lugar y anunció que el Señor Lobo Feroz ya había llegado para su cita con el Señor director, quien además escribe libros y es un buen vecino.
El Señor director nos recibió casi enseguida y después de las formalidades empezamos a entrar en materia, pues había que aporvechar ese huequito en su itinerario sobresaturado.
Para ser más francos aún yo estaba ahí no por la entrevista, sino por conocerlo y preguntarle algo sobre esa historia, pues en ese libro el hombre busca jardines ocultos en una ciudad entre el mar y el desierto y yo desde hacía mucho, quizá sin pensarlo detenidamente, hacía exactamente eso, buscaba jardines ocultos, maravillosos y no todos eran de plantas.
Lo que tú buscas -me dijo-, son bosques, porque los jardines, no son mas que bosques urbanos, en miniatura y los puedes encontrar, incluso en el desierto y los buscas -agregó-, porque los llevas dentro, y ellos a su vez, te llevan dentro y a otros personajes que quizá no lo sepan, pero que pertenecen a esos lugares.