jueves, septiembre 5

L

El final del verano.
Caperucita se desnudó dejándose unas braguitas de encaje en color granate.
Se instaló frente a su escritorio delante de la ventana de su apartamento en el sexto piso.
La piel se perló de minúsculos destellos en olor a Channel.
Se sirvió té de menta muy caliente.
Abrió un libro recién adquirido. Una novela negra de un país helado, muy al norte.
La temperatura comenzó a bajar.

domingo, septiembre 2

XXXXVIIII


Caperucita como ya sabemos, se mudó al mundo real.
Ahí, después de errar un tanto por diversos lugares se instaló en París.
Compró una bicicleta y una computadora portátil.
Convencida de que la realidad no es más que un cuento de hadas traducido a otro estilo literario, decidió ponerse a escribir.
Novela negra, como era de esperarse, es lo que más le acomodó.
Envió su manuscrito al Lobo, quien es, junto con otros lobos excéntricos, el que dirige una peculiar editorial.
Caperucita se convirtió rápidamente en una escritora algo controvertida, pero sobretodo, a la moda en ciertos círculos.
Se volvió más ermitaña y excéntrica que antes, pero a su manera, eso le causaba un cierta alegría.
Se tomó vacaciones, y de vuelta en su ventana pensaba en su próxima novela.

miércoles, agosto 10

XXXXVIII. La chaise longue

Caperucita heredó una chaise longue púrpura, de un primo lejano.
No es que su pariente haya muerto, simplemente un día superó su agorafobia y decidió heredarla a quien le llamaba cada noche para contarle una historia sin espacios vacíos.
Su primo, a su vez, había heredado la chaise longue de una tía un tanto estrambótica, pero de gustos muy finos. La tía por desgracia sí había fallecido.
Cuando recibió el exquisito mueble para hedonistas de la vieja guardia, venía con una epístola muy bien escrita explicando el uso y mantenimiento de lo que aseguraba, no era un simple mueble, sino una metáfora en color púrpura.
La chaise longue no solo era un vulgar diván. En realidad hay pocos divanes que sean vulgares, pero lo que quería decir es que no solo era una superficie para mujeres divorciadas y neuróticas contando sus desaventuras.
Pero sí que podía ser un diván. Juguiano por supuesto.
También era el interior de una barca que se resite a naufragar. -El naufragio como metáfora de desamor-
También era una barca de Caronte, como el interior suave de un ataúd. -El psicoanálisis como metáfora de múltiples muertes-
Por supuesto un objeto así es un lugar para juegos eróticos, aunque había que cuidar de la seda púrpura para no mancharla. -La muerte como metáfora del éxtasis-
Su estilo italiano tenía ecos de las sillas largas para los banquetes romanos. -Éxtasis dionisiaco-
La chaise longue, pues, era el interior de un huevo primordial, un útero metafísico,  una máquina del tiempo, un tapete mágico, un trono... Caperucita recibió de regalo una metáfora púrpura.

domingo, abril 17

XXXXVII cuaresma

-Juuuugaremos en el booosque mientras el lobo no está.
Poorque si el lobo apareeece, a todas nos comerá.
¿lobo estás ahiii?
-Todavía es cuaresma por el amorrr de Diosss!

XXXXVI enfrentar al lobo

-Mira, al pobre lobo lo dejas en paz, que nada te ha hecho.
-¡Pero si ese es el problema!

lunes, abril 11

XXXXV

Caperucita siempre le ha tenido cierta alergia a la Primavera.
Es decir, literalmente tiene alergias propias de esta estación del año.
Afortunadamente su alergólogo ha logrado resolver casi todos sus problemas, aunque cada año tiene que repetirle que no se ha inventado aún un medicamento contra la alergia a ciertos tipos de estupidez.
La pildorita diminuta sirve si el gato del vecino dejó pelo en un lugar impropio, pero no sirve si uno tiene alergia a pitufos, cierto tipo de quimeras, gusanos de dos pies, y a la verborrea.
Tampoco sirve para algunas expresiones del arte contemporáneo.
Caperucita observa desde la seguridad de su ventana cerrada el jardín de al lado y la ciudad llena de gente que va y viene. Procura no salir después de las 10 de la mañana o antes de las 6 de la tarde.
Sabe que en esencia es una excéntrica, pero ¿qué personaje de cuento no es excéntrico? Y el asunto se pone peor con los posmodernos.

jueves, octubre 14

XXXXIIII

Ahora que Caperucita se convirtió en una escritora con cierto éxito, comenzaba a recibir cartas de admiradores y proposiciones de trabajo interesantes. Todo esto le agradaba pero también le tenía algo preocupada, pues nunca le gustó ser el centro de atención. La Posmodernidad le quitó el estatus de figura pública y eso le venía bien, aunque por otro lado todos en los cuentos de hadas son figuras públicas.
Después de haber tomado unas vacaciones, ahora había que romper la barrera del éxito efímero de una sola novela. El género negro le seguía dando ideas y sentada en un café en la Plaza de la Sorbona se le ocurrió que todos en nuestra vida hemos tenido la vaga, o la muy intensa idea de matar a algún burócrata...