Caperucita lo que tenía es que estaba aburrida de leer novelas que no dicen nada. Escribir es una opción para cuando uno se aburre de leer o se aburre de ser un personaje de cuento. La literatura tiene más gracia si se comparte y se crea, en un café, en una cama, o en un sillón púrpura en el fondo de una discoteca conceptual... Caperucita tiró a la basura la novela que había comprado y que quería sonar como a Céline o a Henry Miller, encendió un cigarrillo, abrió las ventanas y comenzó con lo de los disparos y el sofá extravagante.
sábado, agosto 29
jueves, julio 23
XXIIII La política y los malos ¿del cuento?
De las cosas que el Lobo y Caperucita siempre detestaron en el mundo de los cuentos de hadas son aquellos personajes que creen que por ser miserables tienen el derecho de hacer miserables a los demás (digamos, el ogro), o pero aun peor, que creen que su miseria es pago suficiente por lo que han hecho y lo que sin duda, seguirán haciendo (la bruja del cuento, pongamos). Pero esos personajes tan absurdos y planos solo pueden existir en cuentos fantásticos y no en la vida real y por eso siempre terminan mal en aquellas historias...
¿o lo dije todo al revés?
viernes, julio 10
XXIII Notas
Cuando Caperucita decidió dedicarse a escribir literatura negra tomó el hábito de cargar una libretita, a manera de bitácora en donde tomaba notas de sus reflexiones en el mundo de los cuentos de hadas posmodernos, por ejemplo:
"El mejor argumento en contra de los finales felices, de esos que en inglés contienen lo de "happily ever after", es el tipo del apartamento de al lado que se muere de un infarto, o de un accidente absurdo, quien era más joven que tú y que se murió solo."
"El mejor argumento en contra de los finales felices, de esos que en inglés contienen lo de "happily ever after", es el tipo del apartamento de al lado que se muere de un infarto, o de un accidente absurdo, quien era más joven que tú y que se murió solo."
lunes, mayo 18
XXII Gracias por el fuego.
Caperucita y el Lobo, con ánimo de concederse una tregua, tomaron asiento en la terraza de un café desde donde se ve el bosque de Vincennes. Los árboles cambian de color según la época del año, y éste parecía ser un bosque en primavera de esos, con una esquina rota. A lo lejos se veían las luces de la feria con sus dos ruedas de la fortuna. Diciéndose que el olvido está lleno de memoria, y en vista que el viento de exilio soplaba más tibio y amable que nunca, tomaron café (a él le gustaba leer la borra) y se leyeron en voz alta fragmentos de un libro quizá sacado del buzón del tiempo.
lunes, abril 13
XXI. IV
Caperucita entró en la tienda de discos y con sorpresa descubrió que el disco IV de Led Zeppelin estaba entre los más vendidos del mes. No tenía manera de explicar el porqué un álbum de 1971 estaba ahí, pero supuso una vez más que en los cuentos posmodernos cualquier cosa podía pasar.
Ella ha tenido una relación por demás peculiar con ese disco. Es quizá el que más veces haya comprado y siempre, sin excepción lo termina perdiendo de alguna manera: Una vez lo regaló, otra vez algún idiota lo rayó en una fiesta, otra vez un ladrón definitivamente surreal rompió el cristal de su auto tan solo para llevárselo y dejar los demás. El último se había quedado en casa de Él.
Sabía que después de todo eso tenía el derecho de bajarlo de internet sin pagar un euro, pero siempre fue testaruda con el destino, no regateaba a la vida y jugaba de "de tú a tú" por más que saliera perdiendo la mayoría de las veces.
Lo meditó ahí frente al estante. Detuvo el tiempo mirando hacia dentro de ella misma a través de la portada del álbum. Pasó por su mente que el último estaba perdido irremediablemente, pero con todo se dijo que todavía no era hora de comprar uno nuevo.
viernes, abril 3
XX Turismo literario
Caperucita siempre soñó con ser personaje de novela latinoamericana, siempre quiso, -por ejemplo- ver llover en Macondo, visitar Comala, o buscar los trazos de Oliveira y la Maga en París y después en Buenos Aires.
La manera más fácil de cumplir su sueño era visitando la agencia de viajes.
La manera más fácil de cumplir su sueño era visitando la agencia de viajes.
domingo, febrero 15
XVIIII Wolf's Postscript
-Gracias Paty, aunque ya nadie lea poesía.
"Little Red Riding Hood"
First, grant me my sense of history:
I did it for posterity,
for kindergarten teachers
and a clear moral:
Little girls shouldn't wander off
in search of strange flowers,
and they mustn't speak to strangers.
And then grant me my generous sense of plot:
Couldn't I have gobbled her up
right there in the jungle?
Why did I ask her where her grandma lived?
As if I, a forest-dweller,
didn't know of the cottage
under the three oak trees
and the old woman who lived there
all alone?
As if I couldn't have swallowed her years before?
And you may call me the Big Bad Wolf,
now my only reputation.
But I was no child-molester
though you'll agree she was pretty.
And the huntsman:
Was I sleeping while he snipped
my thick black fur
and filled me with garbage and stones?
I ran with that weight and fell down,
simply so children could laugh
at the noise of the stones
cutting through my belly,
at the garbage spilling out
with a perfect sense of timing,
just when the tale
should have come to an end.
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